He aprendido, a veces a la fuerza, que el crecimiento no sigue el calendario que mi mente o mi corazón quisiera. En mi vida, los cambios más profundos no han llegado cuando yo los esperaba, sino cuando la vida decidió que estaba lista. Algunas veces han sido rápidos y arrolladores, como un río que no me deja otra opción que dejarme llevar. Otras veces han sido tan lentos y silenciosos como las raíces que se extienden bajo la tierra, trabajando sin que yo las vea.